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El desplome de la actividad de los últimos meses podría desacelerarse desde mayo y, en los meses más cercanos a las elecciones nacionales, es posible que se registre una tenue recuperación. Lamentablemente, de ninguna manera se trata de un rebote en forma de V como las grandes consultoras, aliadas al gobierno, se encargaron de difundir desde mediados del año pasado y hasta hace pocos meses. Aseguraban que iba a llegar una importante reactivación desde el segundo trimestre, básicamente asociada a una mucho mejor cosecha, a una recuperación del poder adquisitivo de los hogares y a la expectativa de que, con un plan ortodoxo aplicado en Brasil, iba a dinamizarse el crecimiento local, algo que parecía más bien una expresión de deseos.
Los primeros resultados del segundo trimestre revelan que otra vez los economistas oficialistas con más penetración en los medios masivos de comunicación volvieron a pecar de optimismo. El nivel de actividad no exhibe para nada una recuperación en forma de V y el segundo trimestre será también recesivo. Sin embargo, hay una serie de factores relevantes que permiten prever que la caída posiblemente no sea tan empinada como la de los últimos meses y la economía pueda alcanzar una tibia recuperación especialmente en las comparaciones respecto a los muy pobres meses de 2018 y el fondo del primer cuatrimestre de 2019.
Un factor prioritario para…

BAE